Semana 1

Primera impresión de Chile:

No puedo tomar agua del grifo, solo no puedo.

 

Viernes en la noche:

Fuimos a caminar Santiago, pasamos por Santiago Centro he hicimos cambio de dolares a pesos chilenos, compramos lineas telefónicas y calentadores, de allí nos fuimos a Bellavista (Bellavista es el equivalente de las Mercedes en Caracas), entramos a un local venezolano, pedimos mojitos y brindamos por nuestro nuevo comienzo, por lo que vendría.

Bonus track:

un chileno intento coquetearme preguntándome qué shampoo utilizaba.

Sábado:

Arrendamos un lugar.

El lugar es grande y cómodo, tiene todas las líneas blancas y me ahorraría dinero ya que también hay lavadora. Viviríamos con dos parejas, una de peruanos junto a su bebe y otra venezolana, también con bebe (adiós paz). No nos mudamos este mismo día, el permiso de mudanza era para el día lunes, mientras nos seguiríamos quedando en el apartamento de una amiga.

Lunes:

Me desperté temprano y fui hasta la PDI, necesitaba preguntar cuántos días tenía para estar en el país ya que al momento de pasar por migración el sistema se cayó así que tuvo que hacerse el proceso de forma manual y el papel que me dieron no decía por ninguna parte la cantidad de días.

Me dieron 90 días, como a todos los extranjeros, si alguien tiene dudas alguna vez de esto la respuesta son 90 días, sin importar que hayas dicho que te quedarías solo una semana o tres días.
De allí me fui a una entrevista de trabajo para un callcenter, durante la entrevista tembló, siete grados si no recuerdo mal, nunca me había quedado tan quieta de pánico, fue horrible pero cuando termino solo pude reírme.

Ahora sí, bienvenida a Chile.

Martes:

Hoy probé las sopaipillas; muy ricas, son una especie de pastelito que no trae relleno y se le echa encima salsa.

Como la vida me odia y soy sumamente despistada le eche una salsa que parecía una clase de pico de gallo, me emocione echándole dicha salsa y cuando doy el primer bocado siento como la cara se me pone roja, se me calienta el cuerpo y no siento la lengua, la crema era picante, -ni modo-, le quite la crema y limpie la sopaipilla como pude, seguía picando pero no tanto.

Viernes:

Cuando estábamos llegando al departamento de mi amigo vimos en la acera una especie de base para colchón, mire a mi amigo con suspicacia y este me devolvió la mirada, la base estaba en perfectas condiciones, en un momento de locura decidimos agárrala y llevarla a su departamento, para luego de alguna manera, que aún no habíamos pensado, llevarla al mío, entre tantas risas no pusimos el tema sobre la mesa en toda la noche, de alguna manera me sentí muy viva al hacer esto.

Sábado:

Ya la euforia había pasado y sabíamos que debíamos volver a poner la base en la acera.

Me fui a mi departamento más triste que cualquier otra cosa, la verdad no me entusiasmaba la idea de tener que dormir en el piso pero no podría postergarlo por siempre y lo sabía.

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