Huyendo de Venezuela p. lll

Seguimos, pagamos taxi nuevamente hasta el terminal. En el terminal compramos los boletos que nos llevarían a la Paz. Pero llegar a la Paz no sería sencillo y lo sabíamos, tendríamos que pasar por la famosa Carretera de la Muerte.

La Carretera de la Muerte pudo más que nuestra valentía, era un autobús absolutamente lleno por venezolanos gimiendo, gritando, diciendo groserías, asustándose cada dos minutos etc.

Este viaje también se atrasó, justo ese día trabajaban en las vías así que cada ciertos kilómetros nos detenían. Durante este viaje solo comí chucherías (golosinas/confiterías), necesitaba urgentemente comer algo real.

Llegamos a las Paz muy tarde, ya no habían viajes a Oruro (la próxima ciudad), aquí nos cerraron las puertas del terminal en la cara y fueron bastante groseros con nosotros. Llegamos a 0 grados y yo estaba muriendo con fiebre de 40 grados, la bitácora era que nos quedaríamos toda la noche en la plaza que estaba frente al terminal y yo no sabía si podría soportarlo. A mitad de la noche se escuchó un grito espeluznante de una mujer que pedía auxilio, uno de los chicos que se encontraba en la plaza salio corriendo a buscar un policía, cuando lo encontró la respuesta de este fue que él no podía hacer nada, que solo era una pareja discutiendo.

Efectivamente no podía quedarme allí y me fui a un hotel donde nos quedamos seis personas en una habitación. Dormí en una cama después de tanto, al amanecer me sentía otra persona pero esta persona seguía enferma. Nos fuimos al terminal, compramos los boletos para el primer viaje y nos fuimos. Aquí el grupo se tuvo que separar cuatro de los chicos se quedaron en el terminal esperando que un Western Union abriera ya que uno de ellos fue robado, otro no tenía nada desde que lo conocimos en Manaus un día antes de abordar el barco y los otros dos se quedaron a acompañarlos.

Llegamos a Oruro y decidí salir a buscar un lugar donde comer, necesitaba comida real, fui con uno de mis compañeros y llegamos a un lugar donde la comida se veía bien y a un buen precio, cuando ya estábamos entrando mi compañero me pregunta si estoy segura, algo en su tono de voz me dio la alerta, le respondí “bueno, vamos a seguir buscando”, su respuesta al salir fue que vio un rata pasar por el lugar. Seguimos buscando, entramos a un local un poco más caro pero que se veía muchísimo más lindo. Nos trajeron la comida, el café un asco, la milanesa de pollo estaba buena, el arroz igual, las papas frías, no estaban tan mal hasta que me di cuenta que había cabello. Nos fuimos al terminal nuevamente, ya nos estábamos preocupando por nuestros cuatro compañeros que se quedaron en la Paz, se suponía que debíamos vernos allí en un par de horas y aún nada que aparecían.

Llegaron justo unos 30 minutos antes de la partida del bus, compraron sus boletos corriendo, llegó el autobús, nos sentamos todos en los lugares donde nos parecía mejor, no nos habíamos percatado que los asientos ya estaban asignados, cuando llegaba la persona que se debía sentar allí evidentemente nos causaba un problema, a mí y a mi compañero no nos dijeron nada, la sra fue directo al conductor para quejarse, luego fue a nuestros asientos y nuestra respuesta fue “pero cuál es el problema, que se siente donde quiera”, la sra respondió “bueno pero yo no quiero que después me vayan a levantar de mi asiento” muy, muy molesta. Nos salimos con la nuestra, todos estaban sentados en asientos que no les correspondían.

Al llegar a la frontera con Chile la fiebre que ya había bajado subió inmediatamente, me asuste, me deje llevar por el pánico y el amarillismo, comencé a pensar lo que pasaría si no me dejaban entrar, plan A, B, C … Z, decidí maquillarme para no parecer enferma, comencé a llorar por la gripe y la tos me atacó peor que nunca, al bajarme del autobús las asas de la maleta se dañaron, no quería subir, -¿Es en serio Dios mio/Karma/Tritón/Poseidon?-, arrastre disimuladamente como pude la maleta y lo único que podía pensar era “No parezcas pobre, no parezcas pobre, no parezcas pobre”, tanto miedo para nada -por suerte-, la vida me echaba mierda pero luego me devolvía cosas lindas, el chico de migración solo me preguntó qué estudiaba y aunque dije “Psicología” casi temblando, no lo notó o sí, la verdad no lo sé, el punto es que me sello el pasaporte, (no, no vio la fecha a vencer, en ninguna parte vieron eso, ni me dijeron absolutamente nada), me deseo feliz viaje y seguí, desde allí comencé a aguantar la felicidad, pase como si nada o eso intente, el guardia que estaba en el control de las maletas le pregunta a mi amigo de adelante qué si también venía de Venezuela, al darle el visto bueno su respuesta fue: “Toda Venezuela esta viniendo a Chile, solo falta que venga el presidente”.

Al salir de migración nadie se habló, cabe destacar que fingimos no conocernos durante el proceso, ni siquiera nos veíamos a la cara. Vi como dos personas salían de los maleteros y se montaban al autobús, sigo sin entender por qué, a nadie le negaron la entrada. Al montarme al autobús comencé abrazar a todos, la felicidad no me cabía en el pecho

Próxima parada: Iquique, Chile -al fin-

Nuevamente obtuvimos nuestro regalo por la travesía y vimos un atardecer de pintura: rosa, azul, naranja, rojo, hermoso, con un volcán lleno de nieve al horizonte, fue muy bonito, al tener eso enfrente solo podías pensar “valió la pena”

Llegamos muy tarde a Iquique y ya no habían boletos para esa noche, compramos para el día siguiente a primera hora. Nuevamente nos toco dormir fuera de un terminal pero nada, nada jamás se va a comparar con esos 0 grados de La Paz. Al amanecer nos montamos en el bus y probamos algo de capitalismo por primera vez después de tanto. El viaje estuvo excelente, nos dieron snack tres veces, eso sí, el jugo asqueroso, demasiada azúcar, las galletas extremadamente dulces, lo único rico eran las galletas saladas que traía, estaba cansada de tanto dulce. En el camino pudimos comprar nuestras primera empanadas chilenas, -exquisitas-.

Llegamos a Santiago después de lo que pareció una eternidad -19 días-, la verdad fue extraño, despedirse de todos se sintió raro, después de soportar tanto juntos sentía que los conocía de toda la vida.

 Nos separamos y allí comienza la aventura en Santiago.

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