Huyendo de Venezuela parte l

Primer día en el barco:

El primer día fue emocionante, ver el horizonte del Amazonas era ver mi meta, fue pensar lo cerca que estaba y que no dejaría que nada me detuviera.

Dormir fue complicado, compartir una hamaca con otra persona no es nada sencillo, no pude dormir casi nada, cada sonido me despertaba, dormía con el dinero encima por miedo a que me robaran, creo que todos hicieron lo mismo y cada sonido en la noche me ponía alerta.

La mitad de las personas en el barco eran venezolanos y la otra mitad brasileros, había un argentino, un puertorriqueño y un ruso. Ese mismo día en la noche robaron al argentino, había dejado cargando su celular cinco segundos y al volver ya no estaba, todos supieron quién lo robo. El Argentino habló con nosotros un rato, tenia fiebre y un poco de gripe. Ese día llovió en la noche, me moje los pies.

 

Segundo día en el barco:

Amanecí enferma, fiebre 38 grados, me sentía fatal, me dolía todo el cuerpo, el argentino me había contagiado. A partir de aquí mi viaje se complico mucho más.

Ver el Amazonas ya no era tan interesante, no pasaba nada, nada cambiaba, solo agua y más agua. Este día hubo una oleada de robos, a mucha gente le quitaron dinero o el celular desaparecía del lugar donde estaba cargándose.

 

 

Tercer día en el barco:

Más agua, más comida fea, más robos. Seguía enferma, más fiebre 38 grados.

Este día estuvo un poco mejor porque pude ver un cielo lleno de estrellas como nunca antes las había visto, fue un regalo por todo lo malo ocurrido los días anteriores. Hice nuevas amistades que se dirigían hacia Argentina.

Cuarto día en el barco:

Más agua. Se unieron dos personas más al grupo.

Este día nos pudimos bajar porque llegamos a un pueblo llamado Humaita, un amigo que iba hacia Argentina me compró jengibre, según él, el jengibre cura todo, hasta tus cuentas bancarias. Mastique el jengibre pero no soporté el sabor, lo escupí y volví a intentarlo.

El jengibre no ayudo mis cuentas bancarias.

Quinto día en el barco:

Seguía enferma, tos, gripe y fiebre. Se unieron dos personas más al grupo.

Al fin llegamos, ya no me acordaba lo que era la tierra, llegamos a un lugar horrible, allí pagamos tres taxis para poder ir todos hasta la frontera, el viaje duro unas tres horas y cuando llegamos ya estaba cerrada, tuvimos que dormir en el lugar, algunos se las ingeniaron colocando las hamacas donde podían, yo me sentía tan mal que no quería dormir compartiendo la hamaca así que me quede dormida en una silla (fue peor) no dormí prácticamente nada, en la madrugada me ofrecieron una hamaca, pude dormir.

Al día siguiente nos despertamos a primera hora y salimos a la migración de Brasil, -habíamos dormido donde se agarran las lanchas para ir hasta Bolivia-, llegamos y aún no estaba abierta, esperamos hablando con unos cubanos, que evidentemente también estaban huyendo de su país.

Sellamos, volvimos al lugar de las lanchas, compramos el boleto, y nos fuimos. Nuevamente el viaje nos regalo un paisaje hermoso con un atardecer de los más lindos que he podido ver. Como obviamente no podía faltar el buen humor, en la lancha no fue escasa, todos nos reíamos de un par de amigos que imitaban la voz de Chavez en Isla Presidencial junto con Evo, una persona de la cual ignoro su nacionalidad nos dijo “En Bolivia no hablen mal de Chavez, allá lo quieren”, un momento de silencio y luego más risas, al llegar a Guayaramerín, Bolivia dejamos de burlarnos en voz alta para hacerlo en susurros. Esperamos una hora hasta que migración abriera, cambiamos reais a pesos bolivianos y sellamos el pasaporte.

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